DE CÓMO SOY YO CUANDO ESTOY ENFADADO

Así es. Y es que, queridos lectores, aunque les sorprenda, un servidor también tiene días de mosqueo transitorio. Lo malo es cuando esa transitoriedad se vuelve permanente y nos convertimos, con palabras de un buen amigo, en un “güelo pudent”. Pues, bien, ahí van las pestes. Ojo, que esto no acaba aquí. Según uno va cumpliendo tacos de almanaque los mosqueos pasan de ser transitorios a crónicos. Ahí queda esa puerta abierta para futuras pataletas.

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