de cómo continúa mi andadura en pos del jabón

Origen: Camping de Orea, Guadalajara

Destino: Aguilar de Campoo. Perdón, Reinosa. Perdón, Complejo Puente Romano

Esto es lo que pasa cuando uno va sin destino fijado, que el final de la jornada se alarga unas horas más de lo esperado. Unas cuatro, para ser exactos. Pero esa es la esencia de este (de todos!) viaje: Planear una cosa, dejar constancia de ella en la eterna hemeroteca y desdecirse menos de 24 horas después. Demasiadas veces hacemos ya lo que toca cada día sin ir un poco más allá.

La ruta que nos ocupa nos lleva por una entrada al infierno en forma de susto. A decir verdad, la ruta no nos llevaba por ahí, pero el que firma estas palabras se equivocó de dirección y por poco no lo contamos. Consecuencias de creer que se puede desatender el noble arte de conducir. Dos errores de novato en 15 minutos.

Después fue todo como tocaba. Soria para avituallarnos; Burgos para comer; Aguilar de Campoo para dormir. Solo que esto último no fue del todo así. Echando de menos lo verde decidí pasar de largo y tirarme hora y media más a la espalda en busca de montañas (“montañas, Gandalf” dijo el valeroso Bilbo Bolsón).

Soledad y preocupación encontramos en el nuevo emplazamiento. Pero no permitan, ávidos lectores y espectadores, que se lo cuente todo. Disfruten de otro intento más de convertir algo hermoso en algo medianamente entretenido.