de cómo la ciencia avala que conducir es algo más que un ir de “a” a “b”. es un acto emocional y pasional.

Como periodista del motor contrastado y en la cresta de la información, estoy suscrito a Newsletters de marcas de coches. Solo a una, a Mazda, pero bueno. Total, que Mazda envía pequeñas notas de prensa que suelen alegrarle a uno el día. Hoy os comparto una de esas que da esperanza a gente que, como yo, vemos en conducir mucho más que un gasto, un transporte o una herramienta. Conducir es, para la gente de bien, una experiencia que emociona y despierta pasiones. 

Un estudio llevado a cabo por una consultora llamada IPSOS MORI a principios de este mes revela que el 66% de la población europea todavía prefiere estar detrás del volante a que los lleve un coche autónomo.

Un corazón vale por toda la tecnología

El estudio fue encargado por Mazda como parte de su campaña Drive Together para celebrar el gozo de conducir. Así es, nada más. Es una gozada y por eso lo celebramos. ¿Que nos ganamos la vida con que se conduzca? Sí.  ¿Pero que podemos quedar bien con la gente haciendo cosas como esta? También. Y vaya si lo han hecho (y no es la primera vez). Se hicieron unas 11.000 entrevistas en 11 mercados europeos diferentes para ver cómo afrontaban la llegada del coche autónomo las distintas cuotas de mercado.

Hay numerosos porcentajes en la nota de prensa que yo paso a resumiros en perlas como que conducir “es una extensión de mi personalidad” o un “placer olvidado”. Sé que eso puede ser perfectamente fruto de mi pensar (de hecho, lo es) pero os prometo que está sacado de esta nota de prensa. No me hace falta una excusa para inventarme cosas.

Jinbai Ittai

La casa de origen de mi querido Rocinante dice que “como marca, simplemente nos encanta conducir y esta encuesta demuestra que una gran parte de la población europea está de acuerdo con nosotros. […] Por eso ponemos al conductor en el corazón de lo que hacemos. Lo llamamos Jinbai Ittai: la perfecta unión entre jinete y montura.” Y cojinetes que es cierto! Y suena, además, de cine sin recurrir a las pestes anglófonas (ejem).

Acusan, con toda la razón de un dardo envenenado, que la industria está quitándole ese placer de conducir al conductor. Ellos se erigen como paladines de los que creemos que no hay que cuestionar el acto de conducir ni despreciar el papel del coche y continuarán desafiando los convencionalismos en favor del amor por conducir. Y es que, sincerémonos, quién no ha conducido sólo por diversión? (tú no? el 73% de los suecos, sí) O quién no piensa que conducir con familia o amigos es una experiencia especial? (tampoco? más del 60% de los españoles, sí).

Cuando un volante despierta mariposas en el estómago

Alcemos, pues, embragues y cambios de marcha y lancemos salvas de aceleraciones para que se enteren que estamos aquí y que nos encanta conducir. Que no queremos que un coche nos lleve por la autopista porque lo que queremos es conducir por la nacional. Queremos tardar más tiempo pero ganar en cada curva, en cada cambio apurado, en cada deslizamiento de la trasera. Queremos vivir, narices! Queremos conducir.